jueves, 14 de abril de 2016

Ansina. Myriam Moscona

 
 


Ansina
 
Myriam Moscona
 
Vaso Roto Ediciones, Madrid, 2015
 
 
Vaso Roto Ediciones publica en las dos orillas, España y México, el nuevo poemario de la periodista, novelista y poeta mexicana de origen búlgaro sefardí, Myriam Moscona (Ciudad de México, 1955), Ansina.
Moscona es autora de diversos poemarios, como Último jardín (1983), Las visitantes (1989), con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, Vísperas (1996), Negro marfil (2000), El que nada (2006), De par en par (2009), y de una novela, Tela de sevoya (2012), cuyo título alude al proverbio sefardita “El meoyo del hombre es tela de sevoya”, por la que obtuvo el prestigioso Premio Xavier Villaurrutia. Entre otros reconocimientos ha merecido el Premio Nacional de Traducción en 1996 por La música del desierto, de William Carlos Williams, y una Beca de la Fundación Guggenheim en 2006.
Nos encontramos pues con una escritora con obra y consecuencia, que se halla en plena madurez creativa y que en los últimos años ha escrito y publicado en ladino (djudezmo) judeoespañol pero desde una óptica contemporánea, alejada de los temas clásicos de la tradición judeo-española. El presente volumen se publica íntegramente en su versión original en ladino, sin traducción al castellano actual, porque como la misma autora señala en el Exordio que abre el libro, hay cosas que sólo pueden ser dichas en una lengua y no en otra. Lo acompaña, eso sí, un impecable Glosario plegado, en papel negro con letras en color plata, al final del libro, para asistir al lector.
Ansina se presenta en una bella edición, marca de la casa, con un sugerente grabado de cubierta de Víctor Ramírez. Tras unas pertinentes aclaraciones ortográficas, donde explica la profusión de la letra “k” en la inmensa mayoría de las palabras, como producto de la revolución lingüística llevada a cabo por Kamel Ataturk en su decidido afán por occidentalizar Turquía, Moscona inicia el poemario con una significativa cita del escritor serbio de origen judío Danilo Kis: el hombre mira por la grieta. En efecto, la herida abierta en el pasado será uno de los temas recurrentes de la autora.
Ansina, que se podría traducir por “así es”, se estructura en cinco partes donde la preposición “de” marca la pauta sobre la que versará cada una de ellas. Una cita de Marcel Proust acompaña al título de la primera parte, “De empolvaduras”, donde Moscona evoca la memoria familiar, como la figura del padre en “De efsuenyos” (kizo/ fazer de mi/ una/ leona) o los consejos de la madre en “Un bomboniko” (el amor eterno/ no es bomboniko de dulsor). El amor está muy presente en estos versos, a él dedica Myriam bellísimos poemas, como el breve e intenso “Sodrera” o el apasionado “Loka por el deskonozido”. La autora no renuncia a ciertos recursos, como la aliteración y la rima, para conseguir un efecto cadencioso e hipnótico.
Una composición del poeta judío en lengua francesa Edmond Jabès introduce la segunda parte, titulada “De morideros”, donde Myriam Moscona evoca a los que se fuyeron/ kon prestor, el padre, la madre, vinieron/ i empués/ tomaron ayre, aquí los versos se dilatan para hilvanar un discurso entre nostálgico y redentor. Moscona nos regala de nuevo poemas primorosos, como “Simienta” o “La tripa”, donde la autora gusta de intercalar versos en castellano como contrapunto, como segunda voz, algo que será una constante a lo largo de todo el poemario.
Un fragmento del Libro del esplendor inaugura la tercera parte, “De kreaziones i undimientos”, que alberga el único poema en prosa del libro, “La letra beth: el muro”, la prima letra  de la kreazion, que según la cábala es komo una kaza con todos los muros aviertos manko uno, Moscona reflexiona sobre su significado profundo y entronca con la sabiduría rabínica para emprender un apasionante viaje metalingüístico desde el origen de la lingua con el deseo de recordar el olvido “para mejor morir”.
Otro judío universal, el físico alemán Albert Einstein, firma la cita que ilustra la cuarta parte, “De Sensya” (ciencia), donde la matematika se convierta en materia poetizable y conecta con la divinidad (el ojo del Dio) y la metafísica, así en “La kordela de Moebius” reflexiona sobre la creación del universo, donde principio y fin han de converger en un mismo punto (por kualo una kurva/ al ir y volver/ se torna al lugar ande ampezó?); en “Inyeve” asume el modelo de la geometría fractal, donde una gotita de nieve (estreia de sesh puntas) se puede multiplicar como un tornado y/o dividir hasta el infinito. En “Eskrivir de amor o sensya” Moscona defiende la lingua materna como lengua viva, capaz de asumir un discurso científico, y apuesta por la absoluta vigencia de una lengua minoritaria y siempre viva, en sí todo el poemario es un lúcido ejercicio de redescubrimiento.
En la quinta y última parte, titulada “De eskrivideros”, Myriam Moscona reflexiona sobre el uso de la escritura, que se expresa en las kantikas, y el sentido del avla para que ojalá entiendas de qué hablo. “Klase de djudeo-espanyol (El puerpo)” es el poema paradigma de una autora que conoce la tradición de las bavás y se esfuerza con dolor por hacerla suya y de su tiempo.
En definitiva, Myriam Moscona emprende una búsqueda iniciática de sus señas de identidad a través del ladino, lengua “sin patria ni academia”, pues sabe que la memoria, la imaginación y los biervos (palabras) conforman el mundo y lo proyectan hacia el futuro. Así pues la autora se entrega a un viaje vital y lingüístico donde pasado y presente confluyen y donde lo místico y lo coloquial se aúnan con hondura y sencillez. Un libro donde el lector cómplice podrá encontrar verdaderas razones para seguir creyendo en el poder de la poesía para cambiar el mundo, pues como reza Juan Gelman en la contraportada, “todo en Ansina es extraordinario”.



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